Scarlett's Point of View.
"I'm lost." - "Estoy perdida."
Mentiría si dijera que soy la chica más feliz del mundo, sí, sería la peor mentirosa. Pero, no puedo quejarme de todo. El karma en sí, ha sido una total perra conmigo, partiendo por todo lo que me tocó vivir éste último tiempo. Mi madre había fallecido. Desde hace un par de semanas había visto a muchos hombres en casa, sólo me atrevía a verlos desde el balcón, eran realmente aterradores. Unos totales grandulones llenos de músculos realmente exuberantes. Pero, fuera de eso... no podía quejarme. Creo.
Cuando me levanté por la mañana quise tomar un poco de aire y salí por el balcón, tenía los ojos cerrados cuando escuché unas llantas frotarse contra el piso, haciendo que saliera una gran polvareda. ¿Porqué estarían aquí?
Tomé la liga y amarré mi larga cabellera en una floja coleta, agarré mi bolso con un par de cuadernos dentro y lo colgé en mi hombro con la correa. Miré la hora desde mi iPhone y suspiré bajando las largas escaleras, pasé a la cocina mientras abría la puerta del frigorífico y sacaba el zumo de naranja en el jarrón.
"Buen día, señorita Scarlett." Me di vuelta sobre mis talones al ver a la señora Abbie entrando mientras acomodaba su traje, era la nodriza de la casa.
"¿Te haz quedado dormida?" Pregunté en medio de una sonrisa de mi parte.
Abb, cómo suelo decirle, bajó la cabeza. "Lo siento mucho, señorita. No he tenido una buena noche."
"No hay problema, no le diré nada a mi padre," me acerqué a ella con temple de intriga ante su última frase. "¿Qué sucede?"
"Señorita, prefiero no abordarla con mis problemas—"
"Yo he preguntado, quiero saber porque eres importante para mí, ¿sí?" Ella asintió mientras yo me llevaba el baso con zumo a mi boca.
"Ayer mi marido me ha llamado, mi nieta sufrió un ataque de asma." El jugo se fue por el camino equivocado provocando que carraspeara fuertemente la garganta. Después de unos segundos pude retomar mi respiración.
Miré incrédula hacia Abb. "¿Porqué?, tú me haz dicho que sólo sucede cuando se agita o tiene momentos de tensión."
Suspiró mientras dejaba el servicio en el pequeño mesón junto a un par de tazas que había sacado. "Richard debía dinero, ya sabes, un irresponsable vicioso, puso en riesgo la vida de su propia hija. Ayer por la noche entraron y golpearon a Héctor, Susan se asustó y le dio un ataque de asma."
Héctor es el marido de Abb, es un señor de bastante edad pero que aún trabaja, en verdad es fuerte. "Cuanto lo siento Abbie." La abrasé fuertemente. "Hablaré con papá sobre esto para que puedas salir," ella iba a hablar pero le interrumpí. "Y no me interesa si quieres o no." Besé su mejilla para luego tomar mi bolso y caminar hacia la salida de casa.
"¿No tomarás desayuno?" Suspiré pesadamente.
"Voy tarde, tomaré en el instituto." Y salí. No quería sermones de nadie a estas horas de la mañana.
Emprendí camino hacia el instituto, no quedaba cerca pero tampoco lejos. Pateé una piedra con el pie mientras veía que el cordón de mi zapatilla derecha estaba desabrochado. Suspiré mientras me detenía y me agachaba atándomela. Sonreí mientras me paraba pero mi cabeza chocó con algo haciendo que volara por los aires mientras maldecía en mi cabeza. Levanté mi cabeza y vi a una pelinegra con la boca media-abierta por la recién pasada situación.
"Lo siento," murmuré enormemente avergonzada.
Ella quedó parada, luego lamió sus labios y agarró fuertemente sus cabellos. "Santa madre, mi trabajo." Se agachó para tratar de componerlo pero no tenía arreglo.
"Oh dios, no fue mi intención—dios." Me trabé, ¿qué más podía decirle? Me agaché mientras sacaba un pegamento líquido de mi mochila e intentaba arreglarlo, pero en el intento lo dejé peor.
La chica de cabello negro contuvo la respiración y soltó una fuerte carcajada, fruncí el ceño al ver su enorme sonrisa en la cara mientras que tenía las manos en su estómago. "¡Lo haz dejado peor!" Logró decir entre risotadas.
"Yo—¿no deberías de estar enfadada?" La chica de cabello negro logró calmarse para luego sonreírme.
"No, digo, debería pero no lo estoy." Sonrió parándose y ofreciéndome su mano, la tomé mientras que me paraba y sacudía mis rodillas. "Me llamo Lau."
"¿'Lau' a secas?" Fruncí el ceño divertida.
"Mi nombre en sí es feo." Hizo una divertida mueca.
Sonreí ideando un plan para que me dijera su nombre real. "Si no me dices tu nombre real, no te diré mi nombre."
Se cruzó de brazos haciendo un infantil berrinche. "Ese no es un trato justo." Hice pucheros y ella suspiró vencida. "Laurence, Laurence Parker."
Sonreí instantáneamente. "Tu nombre es hermoso, me suena italiano. El mío es Scarlett Davis."
Sonrió torcidamente. "Gracias por el cumplido, el tuyo igual lo es."
Suspiré mientra veía la hora en el reloj. Las nueve y siete minutos, estaba más que atrasada. "Lau, tengo una idea para esto, ¿en que instituto vas?"
"En el que está a dos cuadras más, ¿porqué?" Genial, iba en el que yo iba.
"¿Tenías que entregarlo hoy?"
Hizo una mueca. "Sí."
Suspiré mientras pensaba en algo. "Tengo una idea." Sonreí. "Pídele plazo hasta mañana a tu profesor. Yo te ayudo en hacerlo nuevamente."
Lau pensó unos momentos para después sonreír. "Bien, ese es un buen plan."
"Gracias, ¿tienes móvil?" Ella asintió. "Intercambiemos números para llamarte luego." Nuevamente asintió mientras caminabamos en dirección a la escuela. Ya no entraría a la primera clase y creo que ella tampoco. Me entregó su blackberry mientras yo mi iPhone, tecleé mi numeró para luego guardarlo como 'Scar'.
"¿Entrarás a clase?, creo que es algo tarde." Río divertida ante sus palabras.
"No vale la pena, me he zafado de una aburridísma clase de historia." Suspiré.
"Te invito a tomar desayuno, después volveremos, ¿sí?"
Pensé unos momentos, no me haría mal socializar aunque fuera con una persona. "Bien, vamos."
Caminamos hacía el centro de la ciudad el cuál quedaba a unas calles del instituto, pasamos a una cafetería cercana y pedimos nuestras ordenes. Ella eligió un chocolate caliente y yo un batido de chocolate, no tenía frío, es más, estaba muriendo de calor. Exagerada, lo sé.
"Así que, ¿porqué no te había visto?" Comentó Lau mientras me miraba.
Saqué mi mirada del batido para subirla a su rostro. "Sinceramente, no soy de esas chicas que sale mucho—"
"¿De verdad lo dices?" Se sorprendió ante mis palabras, ¿que hay de malo en no salir?.
Carraspeé incómoda la garganta. "Sí." Saqué mi móvil y ví la hora, tenía exactamente cinco minutos para llegar a la queridísima clase de orientación grupal -nótese el sarcasmo-. "Debo irme, fue un gusto Lau."
Me miró mientras me paraba y fruncía el ceño. "Siento haber dicho eso, no quería ponerlo en ese sentido—"
"¿Cuál sentido?" Si hablaba más creo que la seguiría jodiendo. Suspiré. "Adiós."
Caminé por la misma ruta que había recorrido hace más o menos una hora atrás. Corrí por el pasillo mientras buscaba la llave de mi casillero. Lo abrí mientras sacaba el pequeño cuaderno de la aburrida materia y dejé el libro de historia dentro. Lo cerré mientras que oía el estruendoso ruido del timbre, hora de tortura.
Subí las escaleras hacia el cuarto piso, donde se encontraba el aula de orientación. Apenas estuve en el cuarto piso suspiré agotada, subir todas esas escaleras era una total maratón. Reí por mis estúpidos pensamientos mientras entraba en el aula y me sentaba casi al final del lugar. La canosa cabellera del profesor Andrew apareció por la puerta para luego hacer un carraspeo fingido.
"Buenos días clases, tomen asiento." Me senté mientras suspiraba, tenía tres divertidas horas -sarcasmo, obviamente- en esta materia. ¿Para que demonios nos serviría la orientación? "Hoy trabajaremos individualmente. Traje una guía para trabajarla, repito, es indiviual. Todos no tienen el mismo pensamiento, por lo tanto si veo que hay respuestas parecidas pongo la nota correspondiente. Tienen toda la hora para realizarla con bastante relajación."
Terminó de dar las ordenes y se dirigió a la pizarra anotando todo de nuevo. No faltaría el o la idiota que preguntaría lo que había que hacer. Luego entregó el largo test, suspiré mientras sacaba mi lapiz y respondía cada pregunta -realmente estúpida- que había.
Suspiré mientras cerraba mi casillero y ponía mis pensamientos en todo lo que tendría que estudiar para el examen de historia. Mientras yo no asistí a esa específica clase, el profesor dio el cuestionario y avisó lo del examen. ¿Más mala suerte podría tener? Apenas y puede conseguirme un par de apuntes. Esto no podría sucederme.
Agarré fuertemente la correa de mi bolso mientras profundizaba mis pensamientos y me perdía en el paisaje de vuelta a casa. Abrí la gran reja de las afueras de casa. Caminé por el pequeño camino de cemento y puse la llave en la ranura para abrir la puerta. Aspiré el aroma, olía a rosas.
"En la mañana quería desayunar contigo, Scarlett." Me dí la vuelta antes de subir las escaleras.
Vi a mi padre parado firmemente en el umbral de la puerta de nuestra cocina. "Lo siento, tenía que salir rápido, iba tarde."
"Está bien, deberías de dormir unas horas más y dejar un poco los libros." ¿Eso quería él?, ¿entonces que haría, morirme del aburrimiento?
Recordé lo que tendría que hacer ahora, llamar a Lau por lo de su trabajo. "Papá, hoy me ha sucedido algo estúpido," frunció el ceño mientras me alentaba a sentarme con él, lo hice y tomó mi mano. "Estaba caminando y vi que el cordón de mi zapatilla estaba desabrochado, me lo até y al pararme choqué con algo, le destruí un proyecto a una chica."
"Cariño, ¿donde tienes esa cabeza tuya?" Reímos ambos.
"Le ofrecí mi ayuda, es lo mínimo que podía hacer." El asintió, aún no sabía todo. "¿Me darías permiso de ir a su casa?"
Tensó la mandíbula mientras suspiraba. "Scarlett, sabes que no—"
"Papá, por favor. No haré nada malo, no haré nada sin tu consentimiento."
"Está bien." Suspiró. "Te quiero a la siete de la tarde aquí, si no—"
"A las siete en punto me tendrás aquí." Lo abracé. "Gracias por esto." Susurré, el sólo asintió mientras yo subía corriendo las escaleras marcando el número de Lau.
Sonó tres veces para luego escuchar la dulce voz de ella. "¿Diga?"
"Hola." Sonreí cómo si ella pudiese verme.
"Creí que no llamarías," suspiró. "Si no puedes venir, no hay—"
"Dame tu dirección."
Ella rió. "Calle Market Street, 409." Apunté la dirección en un papel y lo guardé en mi bolsillo.
"Voy en camino, babe." Rió por mi forma de llamarla y colgué. Bajé las escaleras y me dirigí a la puerta.
"¿Llevas tú móvil?" Me interrumpió la voz de mi padre. Asentí. "Cuídate." Volví a asentir y salí antes de que me llenara de sus 'cuidado' o 'por favor, vuelve pronto'.
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